¿Ser mujer sin perder feminidad?


Si vemos en retrospectiva  por más que como mujer nos quejemos de las “injusticias”, las mujeres hemos ganado un gran lugar en la humanidad. Si lo comparamos con el lugar que ocuparon nuestras antepasadas. Lo importante es que en ese camino de ganar un lugar que nos pertenecía podemos perder nuestra feminidad, porque en la lucha que hemos querido pelear nos hemos dejado la piel, llegando a un punto que no reconocemos nuestro lugar, queriendo destronar al “hombre”.


A pesar de que mujer etimológicamente significa “blandengue o aguada". No necesitamos demostrar una fuerza agresiva y devoradora, para demostrar nuestro valor. Cada género tiene sus fortalezas y debilidades, ambos son necesarios. Aunque existen roles estereotipados acerca de lo femenino (parir, encargarse del hogar, de los hijos, etc.) y lo masculino (traer dinero y ser el fuerte), es cierto que nuestras mujeres han luchado para tener el lugar privilegiado que tenemos actualmente.

¿Qué nos hemos dejado en el camino?

  • El respeto por nuestro género, porque constantemente las criticamos porque ninguna es tan “buena” como nosotras.
  • La renuncia a ser madre en plenitud, a disfrutar de nuestros hijos y velar por su educación.
  • El disfrute de lograr nuestros sueños desde el respeto, el amor y la humildad.
  • Nuestro papel al lado del hombre como pareja, porque queremos estar por encima de él en lugar de a su lado.
  • El disfrute de nuestra sexualidad, porque lo usamos como instrumento de manipulación o poder.
  • Creemos que la libertad es “Libertinaje”. Y que “Empoderarse” es debilitar y maltratar al otro.
  • Cargamos con más de lo que nos corresponde. Porque nos hacemos las valientes para demostrar a los demás  que somos capaces y fuertes.

¿Qué ejemplo nos sirve para reconocer nuestro papel?

Para mi, el mayor ejemplo de feminidad nos lo brinda nuestra “Madre Tierra” Gea que sostiene amorosamente a esta humanidad con sus imperfecciones, que constantemente fluye con sus estaciones y va cambiando sin quejarse. De vez en cuando se enfurece y estalla con un volcán, un huracán, un terremoto, etc. Pero también nos nutre con su maravillosa bondad, brindándonos alimento y sostén. Maravillandonos con  la naturaleza que siempre busca la vida, hasta en los terrenos más áridos. Esa tierra que está allí a pesar de toda nuestra inconsciencia, es capaz de regenerarse una y otra vez por amor a sus hijos. Y que sabe que el “Padre Cielo” la embellece y protege de todo lo exterior y la reconoce como imprescindible  para su existencia. Ambos con su unión y su justo equilibrio dan vida a esta increíble humanidad.

Te pregunto mujer, ¿Has visto a la Tierra luchar queriendo ocupar el lugar del cielo, porque él está por encima de ella? ¿Eres capaz de ser sutil, vulnerable, fuerte, apasionada, dar vida, amar y dar lugar a lo que es? ¿Asumes tu lugar o quieres más? ¿De quién depende?

Una mujer empoderada de sí misma reconoce a las otras mujeres como sus iguales y no como sus rivales, no las critica, no es amante de la pareja de la otra, no coloca zancadillas a sus compañeras de trabajo, no llama a las otras “putas o descaradas”, no se compara con las modelos y no quiere usurpar el lugar del hombre. 

Desde mi corazón te honro mujer, como la hermosa joya que eres: fuerte, hermosa y útil. Honro a todas esas mujeres que abrieron espacio para nosotras, sin ellas no sería posible tener la libertad que tenemos hoy en día. Disfrutala desde tu lugar. Admite como eres, tus debilidades y virtudes y sobre todo, no te compares con nadie. Porque lo hermoso de cada ser humano es que aunque tenemos similitudes, ninguno es igual a otro y esto hace que el mundo sea maravilloso tal y como es. 

Recuerda la palabra mujer u hombre no tiene realmente significado, ambos somos pequeños “Haz de luz” descubriéndose a sí mismos cada día.

¡Feliz día de la mujer...los 365 días del año!

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Escrito por Luz Rodríguez

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