¿Sientes apego por tus padres?


Cualquier patrón de relaciones familiares que una persona experimente durante su infancia influye en el desarrollo de su personalidad. Tanto la tendencia al apego como al desapego a los padres, es síntoma de heridas en el tipo de vinculación que se tiene con ellos y marcan el resto de las relaciones que tenemos a lo largo de nuestra vida. 

¿Cuál es la diferencia básica entre el apego y el desapego?

  • El desapego saludable es aquel que surge de ir creciendo y madurando. Diferenciandonos de nuestros padres sin brusquedad, reconociendo incluso algunas similitudes con ellos. Es ir confiando cada vez más en nuestras opiniones que en las de nuestros padres. En definitiva, es aprender a tener una visión propia de la vida y aún así respetar la de nuestros progenitores. El desapego enfermizo es aquel donde no te importa lo que ocurre con tus padres, donde te es indiferente su dolor o sufrimiento. En esos casos, suele haber resentimiento y puedes estar apegado a través de una vinculación negativa.

  • El apego implica quedarse anclado siendo los pequeños ante nuestros padres, desviviendose por recibir su aprobación. Tomar su sistema de creencias como propio sin cuestionar nada. Es hacer su voluntad, perdiendo nuestra propia identidad e independencia. Suele suceder en el caso de hijos sobreprotegidos. Pero, también suceder cuando te sientes resentido y molesto con tus padres, en donde te revelas queriendo hacer las cosas de manera diferente a ellos, perdiéndoles el respeto.

Síntomas de estar apegado a tus padres

  • Le das demasiada importancia a lo que te dicen de tu pareja, de tus hijos. Permitiendo que te diga qué debes hacer o que te critique y haga juicios de ti, de tu pareja o de tus hijos.
  • Te quejas ante ellos de tu pareja o de tus hijos: Porque ellos son los únicos que te entienden.
  • No puedes vivir sin llamarles cada día: Te sientes culpable cuando no hablas con ellos, porque crees que algo puede pasarles.
  • Vives con ellos: aunque ya eres adulto y tienes tus propios hijos. Cuando la vinculación con nuestros padres es de “fusión”, no prestamos atención a nuestra propia relación de pareja, que a la larga se acaba para que te veas en la necesidad de volver a vivir con tus padres.
  • Tienes resentimientos y conflictos permanentes con ellos: La vinculación se mantiene también en el conflicto. Por lo tanto, mientras más resentimiento sientes hacia ellos y les hagas reclamos, más fuerte se hace tu apego a su amor. Recuerda que el que permanece en el resentimiento sigue siendo el niño.
  • Dejas de lado los problemas de tu propio hogar buscando resolver los problemas a tus padres o mediando entre ellos.
  • Te sacrificas dejando de darle cosas a tus hijos o a ti mismo para poder darle dinero a tus padres. Puede que dejes estudiar por pensar que tienes que trabajar para mantenerlos.
  • Te llevas a uno de tus progenitores a vivir contigo, porque te sientes culpable de que esté solo y dejas que disponga y dicte las normas de tu casa.
  • Discutes con tus hermanos porque no te ayudan en el cuidado de tus padres.
  • Lloras por la ausencia de tus padres cuando estás en otra ciudad o país. 


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Escrito por Luz Rodríguez

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