¿Respetas tus tiempos?


Disfruto mucho al ejercitar mi cuerpo porque siento que el movimiento es vida. Para mi, a lo largo del tiempo, los ejercicios físicos se han vuelto una especie de meditación, en donde observo detenidamente los movimientos de mi cuerpo, mi respiración, cómo afecta el movimiento de un lado del cuerpo a otro. Es muy interesante estar allí durante una o dos horas, centrando mi atención en el cuerpo  "el gran olvidado". Esta semana me sorprendí especialmente en una de las prácticas que realizo de Yoga Iyengar que es una disciplina exigente y profunda. Mi profesora pasó 45 minutos de la clase preparándonos para una postura. Esta preparación fue muy  significativa para mi, porque me pregunté a mi misma ¿Cuántas veces queremos correr para terminar algo? ¿Me doy el tiempo necesario para preparar mi cuerpo, mi mente, mi vida antes de lograr lo que deseo? Efectivamente parece que el darnos prisa parece una premisa importante actualmente, nos da la impresión de que los que van rápido son los que llegarán lejos.


En mis rutinas de ejercicios me doy cuenta de que cuando un instructor nos mete prisa para hacer algo, perdemos la conciencia de lo que estamos haciendo y justo en ese momento nos lesionamos. El desear lograr todo rápidamente nos lleva a constantes dietas milagrosas, cirugías o incluso a prácticas nocivas para nuestra salud. Ocurre también, en nuestros procesos personales, que deseamos que el dolor se vaya rápidamente y nos lanzamos a una nueva relación de pareja sin haber cerrado el duelo con la anterior. Antiguamente, cuando alguien moría se hacía un duelo, se lloraba la partida, se acompañaba a los familiares y se pasaban al menos dos años para dejar de estar de "luto". Pero ahora con el auge de lo "motivacional", decimos "tú puedes, límpiate la cara y sal. Disfruta, realiza actividades, olvidate de todo" y la persona que pasa al menos 3 meses llorando o pasando su dolor, es vista como que tiene un ataque depresivo. En fin, son prácticas que perpetúan el dolor y lo llevan al cuerpo, que más adelante se somatizan con enfermedades. ¿Estamos lesionando sólo nuestro cuerpo con las prisas? ¿Qué estamos haciendo con nuestra psiquis, emociones y sentimientos cuando no respetamos nuestros ritmos?

¿Cómo darnos cuenta de que no estamos respetando nuestros tiempos?

  • Quiero adelgazar y tener el cuerpo perfecto en poco tiempo: El tener el peso que tienes actualmente no lo has ganado en dos días, ha sido un proceso. Entonces, ¿Por qué crees que puedes adelgazar en un mes? Para hacerlo necesitarás al menos el mismo tiempo que tomaste en ganarlos. Requiere cambios de hábitos, modificar tus rutinas y sobre todo un cambio profundo de creencias. Y todo esto no se logra rápidamente. Cuando te sometes a estrictas dietas, estás maltratándote y lo que es peor, te engañas a ti mismo. Y todo esto no hace más que incrementar el problema, porque te llena de frustración. 
  • Quiero llegar a ser un magnate millonario en un año: Para que un negocio empiece a dar ganancias se requieren al menos tres años de estar en marcha. Comprendo que esto te desaliente, sobre todo si has tardado mucho tiempo en emprender. Pero te puedo garantizar que en ese tiempo disfrutarás y sobre todo aprenderás acerca del negocio. Disfruta del proceso tomando las medidas necesarias para que tu negocio se dirija en la dirección que deseas. No abandones porque no consigas rápidamente lo que deseas.
  • Apresuro una relación de pareja: En lugar de darnos el tiempo para conocernos y ser amigos, hoy día nos acostamos con las personas primero y luego hablamos con ellas a ver si nos gustan. Y luego, nos preguntamos ¿Por qué no llega esa persona ideal?
  • Paso mi tiempo pensando en el futuro: Estamos preocupados por lo que viene más adelante y esto nos impide vivir plenamente el presente. No nos vamos de vacaciones porque hay que ahorrar. No estudiamos lo que queremos porque el dinero nos puede hacer falta para sanar alguna enfermedad futura. Trabajamos como locos para darle en un futuro una mejor vida a nuestra familia. Pero mientras, los hijos siguen creciendo y nuestra pareja demanda nuestra atención. Si bien es cierto que una buena planificación es importante para lograr lo que deseo, no puedo esclavizarme a mis planes. Debo dejar espacio a la flexibilidad y para disfrutar en el Ahora. 


Reconozco que la paciencia que etimológicamente significa "cualidad de sufrir" no es uno de mis dones.  Pero he logrado darme cuenta de que cuando me mantengo en el presente, disfrutando del momento, ocurre el milagro y me libero de las expectativas que nos hacen sufrir. El respetar mis tiempos implica buscar mi propio ritmo de caminar, de estar, de SER. Sin obligarme a seguir el ritmo que otro marque, o que incluso mi "Yo neurótico", me quiera marcar. Porque entonces, estaría  entregando los hilos de mi vida  para que lo dirija otro y no mi verdadero SER.
  
Un ejercicio que me ayuda mucho cuando estoy impaciente y quiero ver resultados rápidos es respirar y observar la naturaleza. Ésta, en su belleza, me calma porque al observarla comprendo que sus ciclos son perfectos. Disfruto de cada una de las estaciones con su magia de cambio y transformación. Si la oruga sale antes del capullo sus alas no estarán lo suficientemente fuertes y no podrá volar.

*Si quieres profundizar en el tema puedes realizar nuestro curso online Coaching Corporal o bien nuestro entrenamiento de Coaching Sistémico. 

Escrito por Luz Rodríguez 

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